Los empresarios preguntan por la seguridad de sus inversiones en Cuba. Y está bien. Pero ¿están dispuestos a embellecer la vitrina que oculta todas las cifras de violaciones a los derechos humanos?

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Cuba está de moda, pero también su rumba (política y de negocios). Mick Jagger ya la bailó, Obama ya la bailó, y hasta el papa ya la bailó. Parecería que todos los días ocurre un hecho histórico en la isla. Simplemente esta semana llegó el primer crucero procedente de Estados Unidos, tras medio siglo de ausencia.

Tomada de Flickr / Marco Zanferrari (https://www.flickr.com/photos/tuttotutto/)

Tomada de Flickr / Marco Zanferrari (https://www.flickr.com/photos/tuttotutto/)

Y hace un par de días, Chanel, la casa de moda internacional, presentó su colección ‘Crucero’ para la temporada 2016-2017 en el famoso Paseo del Prado: los árboles y bancos de mármol de la avenida se convirtieron en una pasarela, por la que iban y venían modelos con coloridos y extravagantes atuendos, tal y como lo han hecho en los últimos meses cualquier cantidad de empresarios y políticos extranjeros.

Los números hacen que todos quieran estar en la redescubierta joya del Caribe: hoteleros, constructores, marcas de lujo, petroleros, minoristas, proveedores, banqueros, etc. Y cómo no habría de serlo, si hay un gran potencial turístico y de negocios, y al mismo tiempo un sin fin de infraestructura por desarrollar.

Así como exigen desregulación y flexibilidad para sus compañías también deberían condicionar la entrada de sus inversiones y pedir un cambio en materia de derechos humanos y apertura política, porque la responsabilidad social no sólo está en sembrar árboles y donar recursos a las fundaciones, sino en hacer negocios en el lugar correcto, con los gobiernos correctos y con las personas correctas.