Periodistas y conductores de programas noticiosos anuncian productos para la salud o detienen sus programas para platicar las bondades de un artículo o servicio.

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Foto: Tomado de youtube.com/genommainternacional

Cada que veo al conductor de radio Eduardo Ruiz Healy anunciando una solución y shampoo para aliviar la calvicie me pregunto si unos cuantos pesos, o muchos, valen lo suficiente como para arriesgar el prestigio y ser la imagen de una compañía de ‘productos milagro’, la cual incluso ha sido cuestionada por la Procuraduría Federal del Consumidor (Ver boletín 136 de Profeco)?

El titular del programa ‘Fuego Cruzado’ (Radio Fórmula) empeña sus más de dos décadas en los medio para afirmar que “como periodista” le pidieron que hiciera una investigación sobre Sistema GB, por lo que recopiló datos, revisó fotografías, escuchó testimonios y navegó en internet (por cierto, yo no sabía que el ‘googleo’ fuera prueba científica). Finalmente dictamina: “Sistema GB ha comprobado ser un sistema regenerador capilar”.

Esta práctica cada vez es más común, como en el caso de Lolita Ayala, quien en la cápsula ‘La línea de la salud’ da remedios ‘genéricos’ (sin promocionar marcas) para aliviar algún mal, al que inmediatamente sigue un anuncio de un producto que cura el problema, con las sustancias que previamente dijo la comunicadora.

(El video aparece sin el anuncio)

En el caso de Diane Pérez, médico y conductora de Televisa con experiencia en programas de noticias y para la salud, anuncia QG5, un medicamento para aliviar la colitis en 30 días.

Y a la lista se suman conductores de programas de política, espectáculos y deportes, quienes incluso interrumpen sus emisiones de radio para hablar de las bondades del producto.

Pero qué pasaría si en vez del shampoo del ‘Tío Nacho’ la Profeco hubiera multado a GB o a cualquiera de los ‘remedios’ que anuncian los comunicadores, o si hubiera una intoxicación masiva entre la población o algún megafraude financiero por parte de sus directivos.

Seguramente echarían el boletín al cesto de la basura y continuarían con la siguiente nota, pero más allá de su prestigio, bueno o malo, esto representaría un acto de censura y un atentado en contra del derecho que tiene la audiencia a ser informada.

Por eso, antes de firmar el contrato tendrían que pensar dos veces acerca del tipo de empresa que están promocionando y en la ruta que siguen los productos: si es un medicamento ver qué reputación y qué otros productos fabrica la compañía; si es un café, revisar si hay precios justos para los agricultores; o si es una empresa de hamburguesas reflexionar sobre su injerencia en la obesidad y la mala alimentación.